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Cuando hablamos de diseño siempre relacionamos la función con la estética, sin embargo, para Donald Norman, el autor del libro “El Diseño Emocional” (2004), sugiere que muchas veces es la persona quien dota de función al objeto que le provoca una respuesta emotiva.
Norman, menciona tres niveles en los que las emociones y el razonamiento están presentes en la adquisición de un producto.
El nivel visceral, donde se elige un objeto por el impacto visual de su apariencia. Otro nivel, es el de funcionamiento, que es la facilidad de uso de este objeto dentro de la vida cotidiana. Y el nivel reflectivo, que es el factor por el cual el individuo se siente orgulloso de poseer un objeto que proyecta su auto identidad por medio de lo material, ya sea por una manifestación emocional del pasado o añoranza del futuro.
Dentro del campo del interiorismo recurrimos al objeto de diseño como complemento decorativo de un espacio, que ayude a reflejar la personalidad del usuario o enfatizar la función del lugar, creando así sensaciones que le provoquen bienestar y comodidad.
Como diseñador, es importe desarrollar un vínculo emocional del usuario con el objeto o el espacio a intervenir, para asegurar con esto la permanencia a largo plazo que permita posicionar el producto como un objeto capaz de trascender en la sociedad.
La calidad del material es también un factor determinante en la permanencia y vínculo con la persona. Poseer un objeto por la calidad del material es también una característica que marca el estatus del individuo, que demuestra la importancia de su consumo, rechazando con esto la tendencia hacia lo desechable.
Otro valor adquirido hacia un objeto es aquel generado por la antigüedad de su creación, ya sea exponiendo el estilo de una época, o bien, que guarde la memoria de un ser querido, o personaje de interés.
Hoy en día, otro recurso para complementar el diseño de un espacio, es utilizar como accesorio decorativo aquellas cosas o piezas que no fueron creadas con fin decorativo pero que su presencia logra crear composiciones que simpatizan con la característica que se quiere dotar a la propuesta de interiorismo. Un ejemplo de ello puede ser el uso de una llanta de bicicleta como elemento decorativo en una pared. Es importante señalar que para utilizar este tipo de herramientas se requiere de la sensibilidad para crear composiciones que ordenada adecuadamente fomenten experiencias agradables.
Adquirir piezas d de arte, no sólo resulta una inversión para el comprador, sino que además proyecta un mensaje personal o social, a través de alguna estética particular, que profundiza el plano donde se coloque tanto física como emocionalmente.
Dado lo anteriormente expuesto, podemos concluir que escoger un objeto decorativo resulta ser una tarea cognoscitiva mucho más compleja de la que creemos, en donde cualquier profesional dedicado al campo del diseño tiene que descifrar para llegar a las expectativas del cliente, buscando satisfacer sus necesidades de manera motivadora, cómoda, práctica y de calidad.